23 ago 2019

Los Girasoles no aman en Invierno


E

l invierno ha llegado con tal disfraz de enamorado. Pretencioso te oculta de mí, de la luna y las estrellas; con simulado frenesí su frialdad te abraza no permitiendo a mi mirada percibir más las formas de tu excelsa corola.

Con su gélido aliento pretende opacar a mi cuerpo, pero únicamente por días logra contener la libido de mi fuego. Y ante mi ausencia, dentro de las cinco estaciones vocifera: “El ingenuo Sol por fin retornará y no encontrará Girasol al que pueda amar”.

Detrás de su séquito de nubarrones mi pensamiento desespera. ¿Es que acaso no deseo que perezcas?, pero tú, mi dorado Girasol, aprovechaste mi momentánea ausencia para que Invierno por completo a tu ego enaltezca. Como el ser andrógino que eres, te entusiasma ser deseado, ser admirado y cortejado sobre todos. ¡Y sin más, expones cruelmente el secreto de mi sentimiento ante el gélido beso del señor del hielo! Y desde aquel suceso, tu mirada ya ni me acompaña en cada resurgir de mis mañanas.

❖ ❖ ❖

En cada uno de nuestros encuentros postergaste nuestro mágico ritual de apareamiento. Ese donde la fotosíntesis acortaba la distancia entre tu tallo y mi cálido aliento. Ni siquiera el evocar aquellos recuerdos, cuando la calidez de mis caricias polinizaron tu verde cuerpo perpetuando tu especie, me salva de tus malintencionadas artimañas.

En dichas ausencias, Invierno se expande y soberbio cubre todo lo que su vista percibe. Él trae consigo efímeras promesas con las que engancha a todos aquellos seres ególatras y narcisistas. ¡Tú fuiste uno de sus más fieles adeptos!, que abruptamente ya por la madrugada me rechazaba con el pretexto de que eclipsaba la belleza de tu alma. Día tras día invocabas al ocaso, para que así te bloqueara de mis fastidiosos brazos.

¿Cómo pude ser tan ingenuo al no percibir desde aquel entonces la conspiración de tu vanidosa belleza, que maliciosa fortaleció las intenciones de mi álter ego llamado Invierno?

Era claro que anhelabas abandonarme y aprovechaste la oportunidad de escapar de aquel hermoso valle, en donde mi aliento fortalecía fuertemente a tus débiles raíces. Raíces que, debido al efecto de mi ternura, se aferraban profundamente en contra de todo lo que pretendiera arrancarte de mi lecho. ¡Eso y mucho más era por lo que me aborrecías!

“...tus raíces se aferraron encima de otra tierra o al amparo de otro aliento.”

Fueron dos otoños en los que te vi crecer, en los que tu sonrisa al abrirse reflejaba más y más a la mía. Aún así, nunca aceptaste que mi amor se entregaba sin pedirte nada. ¡Estaba tan confiado de que alguna vez comprenderías el por qué siempre te procuraba!

Debido a tu inexperiencia no comprendiste el por qué la naturaleza nos unió, el por qué mi calor es y era parte esencial de tu secreta belleza y maduración. Y que debido a ese cariño te mantenía en un constante ciclo de renovación: mientras yo despertara sobre tu cielo, tú jamás te marchitarías. Una y otra vez renacerías debido al fuego de mi amor; ¡con dicho pensamiento una que otra vez justificaba los desdenes de tus hechos!

De norte a sur, de este a oeste, debido a la libre propiedad heliotrópica, en todo momento tu corola con voluntad propia me procuraba pese a tu creciente odio.

Eras feliz cuando se presentaba la señora de la oscuridad, que por horas te liberaba de mi constante influencia. Ya recuperado tu curso diurno, sentías plena confianza de codiciar un futuro tan diferente al de tu linaje, conocido como la orden de las asterales.

Eso era lo que te mantenía con fuerza: el odio que acrecentabas hacia tu mentor, siendo cada vez más fuerte en cada inicio y final de toda estación. Simplemente yo era el obstáculo más grande al no captar la admiración de aquellos que habitan más allá de ese valle, el cual habías denominado tu repulsiva prisión.

❖ ❖ ❖

Ofrendaste a Invierno tus dorados pétalos; esa fue la condición para ser librado de mi presencia. Arrancándote de esta legendaria tierra donde mis rayos mantenían a tu cuerpo enraizado y a disposición de mis candentes labios, fue tu máxima en esta compartida tierra. Invierno, a cambio de cumplir tu capricho, exigió algo más: la dualidad de tu virginidad como máxima garantía. A cambio de ello, tu efímera belleza por siempre eterna mantendrías y tus labios jamás serían profanados por los sofocantes besos de aquellos soles a los que tanto odia la finita belleza.

¡Y sin más, Invierno de un solo tajo te arrancó de mi lado! Seguro está de que se ha llevado el motivo por el que brilla mi halo. Y en cada uno de sus retornos, jactancioso afirma con hirientes palabras: “Ya nadie habitará en tu astronómico pecho”.

Son estos los momentos en donde mi conciencia me atormenta con una pregunta trillada y hueca: ¿Acaso has muerto o simplemente tus raíces se aferraron encima de otra tierra o al amparo de otro aliento?

¿O tal vez sea verdad lo que Invierno cuenta, que en aquel día en el cual te entregaste hurtó tu dorado brillo y marchitó lentamente tus suaves pétalos, para que nunca jamás tuvieras descendencia y por siempre yo iluminando sufriera?

Como toda estación él siempre regresa y, cada que anhelo saber de ti, el malicioso eclipsa por días mi entereza. Encerrado dentro de sus nubarrones se jacta de cómo te sedujo, de cómo tus deseos fueron suyos; de cómo degustó quemar y cortar tus suaves y verdes raíces; de cómo hurtó tu dorado brillo marchitando lentamente a tus suaves pétalos, para que nunca jamás tuvieras descendencia; y por último, cómo tú, mi escudero, bebió de sus fríos labios mientras la dualidad de tu virginidad se le ofrendaba agradeciéndole la libertad lograda. Ya por último, Invierno cuenta que mis caricias te asfixiaban, mientras mi sonrisa lentamente te marchitaba.

Invierno luce como tal corona infinidad de trofeos que según obtuvo fácilmente, debido a que la tonta vanidad a los seres condena. Él asegura que sabe cómo influenciar los sentimientos de los que con codicia mienten al afirmar que pueden amar. Sobre los cielos, soberbio vocifera: “¡El imponente Sol no tiene ya a quien hacerle el amor, debido a que fue rechazado por un simple Girasol!”. El cual, aprovechando su necesidad de cariño, le convenció de que ¡los girasoles aman en invierno y en cualquier otra estación!

“Los girasoles únicamente aman en invierno, pero no en ninguna otra estación, debido a que en su momento, cuando fueron creados, se les dio la oportunidad de elegir entre belleza y corazón...”

Sus hermanas las estaciones apenadas se encuentran, ya que de boca en boca se han enterado de que la orden del Girasol fue extinguida por una malsana pasión y, por ello, el caballero Sol desde aquel trágico momento no sonríe, debido a que los girasoles a su vista ya no le inspiran confianza ni le procuran pasión.

¿Huiste por voluntad propia o Invierno con mentiras se aprovechó de tu desesperación? Yo mismo me respondo sin ya justificar tu decisión, sin que mi razón anhele más las migajas de tu compasión.

Sobre los firmamentos mi cuerpo se embellece, ya que tengo la responsabilidad ante múltiples especies. Y aun cuando tú, lúgubre Invierno, intentas lacerar a mis oídos con esa repetitiva historia, ha llegado el momento en que ya no me importa.

Ya han pasado tantos siglos y en las sucesivas visitas de la primavera, una vez más ella toca a mi puerta con la intención de verme sonreír. Pícara suelta su ya preciada herencia, brindándome un sinfín de incondicionales seres y flores que comprenden el porqué de nuestra mutua asociación y el porqué estaremos unidos hasta que los tiempos opaquen la magia de mi brillo o simplemente hasta que el fin de mi legado extinga mi sonrisa.

Y aunque la futura orden del Girasol con hechos intenta redimirse convenciéndome de que poseen belleza y sentimiento, suceda lo que suceda recordaré la máxima regla que tiempo atrás por ceguera ignoré: “Los girasoles únicamente aman en invierno, pero no en ninguna otra estación, debido a que en su momento, cuando fueron creados, se les dio la oportunidad de elegir entre belleza y corazón. La naturaleza respetó su elección y de efímera belleza les dotó”.

 


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“Del corazón a la Luna”
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19 jun 2019

Relatos de un Vampiro errante

 

Imagen de un vampiro errante, el cual decide romper con apegos confrontando a su creador


Cada noche, el sentimiento que me abraza es más fuerte que tu mismo olvido. El conflicto entre los restos de mi mortalidad y el naciente instinto de sangre me genera una severa disociación; una culpa que aun así postergo ante el recuerdo de tu erótica posesión.

Año tras año, mi pensamiento pretende conectar con el tuyo y, por ese medio, hacerte sentir la necesidad que tengo de tu cuerpo, sin que mi olfato desfallezca en ausencia de tu putrefacto aliento. Y no es por soledad que mi razón te busca, sino porque al sesgar mi vida vinculaste mi sentir, encarnándolo en tu propio hastío. En tal proceso me heredaste la afrenta de tus actos, condenándome a ser el cebo de los lobos —los mismos que juraron exterminarte—, mientras tú te encuentras en letárgica apatía.

Con el pasar de los siglos, me cuestionaba si fui creado en un arrebato de tu ego o tan solo por tu eterna soledad. Hoy, al aceptar mi total orfandad y sumido en el peso de esta apática inmortalidad, emprendí tu búsqueda más por una dependencia mística que por lealtad.

Sobre mi cielo, la maldición de la luna se torna sangrienta incitando a sus esclavos, mientras me refugio veloz de cementerio en cementerio, buscando la penumbra y guardando el último vestigio de aquella cicatriz dejada cuando colmaste de colmillos mi blanco cuello. Dentro de mi huida, los lobos se encuentran cada vez más cerca; sus aullidos anuncian la sentencia de dos vidas: la de este errante y la de su andrógino mentor, quien tras brindarme la inmortalidad me abandonó a la deriva en su melancólica existencia.

Aun así, la precaria conexión mental que nos vincula me mantiene en alerta, acortando noche tras día la distancia que nos separa para concretar el ansiado reencuentro, aquel que jamás fue acordado bajo el mutuo consentimiento de mi narcisista creador.

En el pasado solía idealizar tu reacción al estar frente a frente, pero hoy ya no me interesan los cuestionamientos ni espero respuestas complacientes. Los siglos me han hecho inmune al sol y, más allá de la distancia, ahora solo te busco para reclamar tu jerarquía.

Ya cara a cara, exigiré que te responsabilices de las cadenas de tu herencia: esa que me legaste de forma arbitraria hace diez siglos, mutando la serenidad de mi conciencia en un inquebrantable y oscuro apego, justo cuando a la par, de igual a igual, los dos le hagamos frente a la amenaza del clan de los lobos negros.

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24 may 2019

En ausencia de tus besos


By Hechicero de Dragones

Si a tus labios decides alejar de mis besos con la intención de degustar otro sabor etéreo. ¡No esperes que beso alguno les satisfaga cuando el hastío se apodere hasta de tu calma!

 

Sin cuestionamiento mis besos se prodigan a tus labios con infinita dulzura ante el acoso de aquel manzano deseo, donde secretas intenciones se hacen de ellos impregnándoles de un penetrante sabor a ajenjo. Pero, si eso no te es suficiente, a mi corazón no le queda más alternativa que soltarte previa promesa de no desangrarme.

 

¡Y tal vez, pasando de beso en beso valores la calidez de mi aliento, que te idolatra cuál ente divino que caricia tras beso emotivo transita denotando el amor que libre sobre mi pecho transpira.

 

Si tus labios evitan más mis leves mordiscos, deja una vez más aclararte que son y serán la máxima expresión de mi cariño, que en la practica devela el enigma de apareamiento de nuestro mutuo aliento.

 

De beso en beso mis labios preñan a tu aliento; pariendo de mí pecho suspiros que arrecian sobre tu oscuro cielo iluminándote con brillantes destellos.

 

Y si de momentos, tu libido ante la tentación de otros cuerpos reniega del sublime acto de nuestra primera entrega; ¡qué no te sorprenda, que en algún momento de tu probable ausencia, mi inerte sentimiento sea despertado al contacto de unos tiernos labios, liberando de mi pecho aquellos suspiros que como tales peces se adentren dentro de su olfato, fomentando en sus labios el deseo en de seguir siendo alimentados por mis dulces besos.



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“Eclipsando a tu Sentimiento”
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14 abr 2019

Los Rosales transpiran...

Fotografía de rosal que ilustra la disputa por las rosas entre tres seres mitológicos.


Los Rosales transpiran belleza, antaño susurraba la Tierra. Esto debido a que, en su despertar día tras día, con su libido los preña. ¡Y así, en primavera y otoño, imponente su herencia ante su ego florece!

Su versatilidad en tamaño y forma contrasta con esa peculiar silueta de rostro hermoso y cuerpo espinoso. La diversidad, característica infinita de los Rosales, logra que las estrellas palidezcan ante su mortal y andrógina belleza.

Ya sus espinas rechazan toda caricia de Invierno; quien en su constante asecho —y ante el rechazo de las rosas— con su frío aliento dolido las golpea, ¡quemando rápidamente su otrora belleza!

Y así de repetitivo fue este ciclo, en el cual el destino una vez más constata cómo una promesa rota pudre al amor, ¡transformándolo en un inherente ente!

En alianza con Invierno, Viento arremete contra todo Rosal, ya que de tajo pretende arrancarlo de aquella soberbia Tierra. Con persistencia profana la promesa hecha entre los besos de la Tierra y los extensos labios de los Rosales: “De que jamás sentimiento extraño llegaría a usurpar el lugar donde su virgen libido cohabita, protegiendo el secreto de su hermafrodita semilla”.

Pero la Tierra no permite que le arrebaten sus Rosales, y con soberbia nutre sus largos tallos, haciéndolos resistentes ante el anhelo de Viento, que enfurecido únicamente logra arrancar de su frondosa cabellera pétalo tras pétalo, develando su enigmático rostro. Ese que muestra la carencia de tiernas facciones ante la presencia de su espinosa belleza.

Al partir Invierno, los Rosales retoñan debido a los nutrientes de su amada Tierra, demostrando ante todos que incondicionales florecen pese a las advertencias de otros seres.

Los Rosales transpiran belleza, antaño susurraba la Tierra. Ante tal pasión, engendró soberbias semillas que al mundo se muestran como un arcoíris de clase y textura perecedera. Intocables para todos, debido a que sus espinas filosas no permiten que cualquiera deguste de tal forma de belleza, misma que solo a su amado por derecho se ofrenda.

Pese a que los Rosales han pedido comprensión a Viento debido a sus incomprensibles acciones, este ha logrado el contacto de su legado. La Tierra, ante tal afrenta, con acciones contundentes incita a que Viento día tras día desista.

Pero para alguien que miente, la traición siempre será su única compañera. La Tierra, al ver que nuevos seres evolucionan sobre su seno, con ego relega a los Rosales, condenándolos a sobrevivir sin esperanzas de retoñar debido a las limitantes del que se hacía llamar su auténtico amante.

Los Rosales transpiran belleza, antaño susurraba la Tierra. Para algunos son flores excepcionales, pero para Viento e Invierno su belleza egoísta se muestra, ya que solo a la soledad aceptan.

Desoladas se muestran ante dos elementos que, enamorados, rechazan aquella trágica herencia. Vertida la sangre de su apuñalado pecho debido a una burda traición, de la cual —ni siendo el primigenio ser que germinó del vientre de su primer amor— él ni siquiera se inmutó ante tan trágica decisión.

Al ver el llanto de los Rosales, Viento e Invierno transpiran su dolor. Y al difuminarlo, pactan una alianza ante el enojo de la ególatra Tierra. Si a las rosas mezquinamente tomas, sus espinas se te enterrarán en carne viva. ¡Esa es la condición que Viento impuso para su propia redención!

Desde aquel entonces, aunque las rosas humildes se muestren, la visión de su concepción ya cambió. ¡Ellas no transpiran más soberbia! Y si es sincero el sentimiento, al ser tomadas se prodigan suavemente ante la aceptación de Invierno, que se complace con dicha entrega dentro de sus cálidas manos; Invierno que, al portarlas en solitario o en ramo, desprende el dulce aroma de su aliento, mientras embelesado divaga ante la diversidad de su color, que impotente florece en primavera y con vehemencia persiste en verano. Dormitan únicamente al amparo del cegador de efímeras bellezas, el cual expone el aroma de su verdadera esencia, que sólo con el corazón se obschequia. ¡Y hoy tan solo los Rosales, ante la presencia de Viento, transpiran poética belleza!





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“Mi mundo a colores”
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2 abr 2019

Sin poesía


Qué es el vivir sin inspiración, sin suspiros que crean poesía



Sin poesía, el viento jamás se excitaría cada vez que el atrevido sol lo acariciara. Sin dicha sublime, la tierra se mantendría en absoluta sequía, ya que no habría suspiro que preñe su desértica anatomía.

Toda traviesa semilla que anhelase germinar, insatisfecha se encontraría al ver que esa cálida llovizna no les brotaría. Ya secas, sucumbirían dentro de la tierra, sin la esperanza de florecer en alguna primavera. En ausencia de esa esencia vital, la desesperanza anidaría sobre sus tallos que, ante la diversidad de miradas, se mostrarían sedientas de clorofila.

Sin poesía, ni la luna ni las estrellas brillarían sobre los cielos de aquellas almas que, ávidas de compañía, se ofrecen únicamente en momentos de absoluta melancolía. Tampoco la noche perseguiría más a su amado día, y el tiempo detendría las historias monótonas y repetitivas de nuestra vida.

Sin poesía, no existirían acciones ensalzadas en canciones, cuentos e historias que evidencian valientes actos, en los que el amor libra una constante guerra contra su némesis, el desamor. ¡No, no habría un final donde ondeara victorioso el corazón ante los viles vestigios de una total desilusión!

Sin poesía, las rosas no serían un símbolo de admiración ante tal devoción, debido a que seres egoístas pretenden privarles de su ancestral derecho de ser el detalle más emblemático de una romántica declaración. Su entrega se minimiza a causa del infundado temor de que sus filosas espinas te sangren, si ese instante se tratase tan solo de una efímera ilusión.

Sin poesía, no habría dulce acuerdo entre la muerte y la vida. ¡Ambos primigenios negarían el sentido de sus funciones si llegasen a degustar tan mortal emoción! Estaríamos viviendo una repetitiva confusión, donde palabras y gestos carecerían de interpretación si se antepone el instante a la continuidad de una probable unión.

Sin poesía, la misma existencia del amor sería sólo un mito no comprobado, tan especulado que por siempre sería utilizado por sus burdos detractores, quienes, empeñados en la mediocridad de las acciones, interpretarían su mentira como una verdad absoluta de malicia que, carente de toda expresión, ensayará una creíble pasión.

Sin poesía, los sueños y pensamientos serían monstruosos verdugos que, alimentándose de nuestros miedos, aterrorizarían la mínima idea de que a través de ellos —principales detractores del amor— somos capaces de observar al universo sin tener que depender ya del firmamento.

En cambio, con poesía podemos desnudar nuestro pensamiento y mostrar nuestro sentimiento sin miedos ni vergüenzas. Porque la inspiración que nos provoca un mutuo afecto, representado a través de la diversidad del amor, enmarca sublimes actos que, al expresarse sin miedos de boca a boca, caricia a caricia declaman en versos o prosa todo lo que fructifera en nuestro corazón.


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“Mi mundo a colores”
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18 mar 2019

Dos corazones un solo Cuerpo


By Hechicero de Dragones
Dos corazones un solo Cuerpo

Cuando la gravedad posiciona a Luna sobre el abdomen de Océano. Su libido despierta, y mezclándose con aquellas juguetonas olas, las transforma en titánicas mareas, arreciando contra todo lo que a su paso interfiera entre él y su brillante damisela; ya que el amor que le profesa es u mayor recompensa.

 

De dichas entregas nacieron marinas estrellas, que junto con sus antiguas hermanas las sirenas, pelean contra la discordia. Ella, silenciosa, se abraza al pecho del amado padre, pretendiendo transformarlo en un oscuro y profundo abismo. Del  cual se corrompa el anhelo de aquellos trágicos amantes.

 

Tras su victoria, las sirenas dejan el pecho de su padre al resguardo de sus hermanas las estrellas, que con su textura y color hacen de ese pecho el más  brillante de los cielos bajos; poniendo en total evidencia, la constante ausencia de su apoteótica compañera.

 

Cuando la Luna surge ya sea por el norte o el sur, frenética reclama lo que por derecho es su herencia; ¡aquel eterno bajo cielo!. Ese que con cariño y esmero transformó de un soberbio dios, en el benévolo protector de su corazón.

 

Ante esa muestra de cariño, incondicional Océano proyecto sobre su espalda ese amor que desde antaño ella le profesa. Y hoy en su ausencia se ha ido añejando trastornando su tristeza. Dicha tristeza se convierte en su fiel amiga ante su eterna espera. Pero al ver que ella no se acerca, que a sus brazos no regresa, triste reniega por dormitar una vez sin su primera y única pareja.

 

Sus hijas, las brujas sirenas la llaman con su mítico canto, con la única intención de llegar hasta ese firmamento, donde retoza su bipolar madre, y así hacerle saber cuánto es lo que sus cuerpos desean el abrazo de sus largos y calidos brazos, mientras las estrellas marinas, prendadas sobre el pecho de su padre, forman la palabra "te necesitamos". Y quizás así, desde aquel cielo alto, su madre la Luna pueda visualizar toda expresión de cariño de aquellos, sus vástagos mortales, que son parte innegable de toda entrega, que en cada una de fases lunares, desnudaron el sentimiento de mutuos titanes.

 

En el bostezar del tiempo, destino confabula para que una vez más se unan, pero ya son tantos los siglos en los que no coinciden, en los que en soledad su amor se encuentra, que ya solo de lejos se observan propiciando con su fuerte deseo, aquella probabilidad de acercamiento en la que la brillosa Luna despierte sobre el excelso pecho de Océano, mientras sus resquebrajados labios lunares son humectados con salados besos de su amado sin llegar a degradarles.

 

Sus miradas entrelazadas, una vez más se dirán hola y quizás hasta la próxima. La bipolar Luna se marchará no sin antes haber departido con todos sus vástagos. Así podrá llevar en sus recuerdos, aquellos seres que mantendrán por los tiempos su brillante linaje. Ella con orgullo compartirá su secreto con sus hermanastros los interestelares. Ya que su descendencia no sólo se encuentra dispersa en aquellas galaxias eternas, sino en aquel bajo cielo, donde el tiempo se detiene mientras agua y piedra se mezclan.

 

Pero la soledad es un cruel verdugo y mientras la rotación de la tierra los acerca o los aleja poniendo en juego cada vez más con su entereza. Océano con su fuerte aliento grita su sentimiento con la intención de que su fresco aliento llegue más allá del firmamento. ¡La espera que con ese acto de amor, la soledad comprenda que su sentimiento integro, le pertenecen a su rocosa estrella!

 

Pese a la fuerza de su voz, su aliento no puede completar su propósito, y suspendido sobre el viento retorna a la tierra en una constante lluvia que junto con estrellas fugaces arrecian en una contundente secuela, no sin antes pintar al cielo con infinidad de brillantes aureolas boreales. ¡Innegable fusión de formas y colores. Fiel acto que representa la profunda entrega de dos mitológicos dioses!

 

Cuando la Luna se encuentra tan cerca de su entrañable Océano, la pasión a ambos les desborda. Océano, lentamente le abriga con cálidas caricias. Y ella, a sus labios endulza con tiernos besos que hacen de aquella esperada unión una subliminal entrega. Entrega que por momentos les augura que quizá algún día, antes de que su final en soledad expire. El destino les unirá en pago por ese amor que ha fomentado la devoción de todos aquellos seres que se encuentran separados por funestas circunstancias. Circunstancias que les han dejado vacíos e incompletos. Seguros de  que su otra mitad a distancia cumplirá con su pronto regreso. Y así  volver a ser lo que siempre debieron, desde el comienzo de los tiempo; ¡dos corazones un solo cuerpo!

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“Mi mundo a Colores”
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9 feb 2019

Vida aún te Espero


By Hechicero de Dragones

Vida!...

Hace tanto tiempo que el sol y la luna fueron separados, ¡qué ante ese trágico hecho, ambos se resisten a sentirse frustrados!. Y pese a que desde aquel entonces orbitan en lados contrarios, dejan a mi paso promesas que visualizan desde la tierra en forma de brillantes estelas.

 

¡Vida!...

Estos dos astros, en su resurgir en solitario constatan que no son los únicos seres separados, ya que ellos me han observado, y a través de la noche o el día en tu ausencia, su amor me está reconfortando.


Siglos tras siglos ellos me siguen acompañado e incondicionalmente me han influenciado, difuminando con su cálida luz a esa oscuridad que pretende devorar a mis anhelos alimentándose por siempre de ellos.

 

¡Vida!...

Hoy expira un nuevo mañana y con él una vez más la promesa del destino no se concreta uniendo nuestros mutuos caminos. Pero la locura de los tiempos no me doblega, mientras el destino exige que si esto no se debe a ningún capricho. El cumplirá cabalmente ante nuestro amor interrumpido.

 

¡Vida!...

Hace ya tanto que me encuentro a la espera de tu presencia, que la libido de mi actual forma ininterrumpidamente dormita ajena a toda tentativa de caricia etérea.

 

¡Vida!...

Son ya tantas las formas en las que mi alma a reencarnado, que cuerpos en plena agonía se apilan, mientras mi alma parte satisfecha, debido a que la metamorfosis de mi anhelo se mantiene perenne pese a lo incierto del momento.

 

¡Vida!...

Son ya tantas las veces que no duermo, que estrellas renacen, se trasforman y mueren confirmando que más allá del motivo de mi desvelo, tu, en mi pensamiento sigue siendo parte de lo eterno.


Al evocar una vez más nuestro probable encuentro, mi aliento escapa de mi cuerpo evitando los brazos de este frío invierno.

 

¡Vida!...

Mi esencia prevalece ante la nada, y paciente me defiende de su atroz caos, ¡que calculador añora extinguir la dulzura de mis besos sobre la amargura de otros labios.


¡Vida!...

El sol y la luna jamás dormitan. En luz y oscuridad orbitan sobre mi sentimiento, haciendo caer sobre mí una emotiva llovizna de caricias, que en su próximo eclipse traen a mí tu recuerdo. Incitando a que el rompecabezas de mis labios sea por fin completado. Al  separarse aquellos dos titánicos astros puedas constatar que nuestra mutua historia no será parecida o igual.

 

¡Vida!...

El tiempo juega a ser benévolo con mi sentimiento, pero su naturaleza ya está haciendo mella en mis latidos y en tu pecho.


¡Vida!...

¡Oh, cuántas fases de la luna mi vista ha admirado, y a tu tierna imagen no desplaza debido a la lealtad de mi alma!

¡Oh cuántas caricias el sol a mi cuerpo ha prodigado, que el espacio que mi piel le reservado a tus manos, siempre se ha respetado!

 

¡Vida!...

Son tantos los planetas que han explotado, que sus soles han sucumbido en total soledad sin que sus entrañables lunas puedan a esos restos velar.

 

Son tantas ya las veces que el norte y el sur han cambiado de posición. Esto debido a la inestable gravedad de mi cuerpo, ¡que las coordenadas de mi sentimiento no han variado sobre tu corazón!


¡Vida!...

Las fases de la luna sin querer corrompen los sentimientos de aquellos seres efímeros hundiéndoles en oscuridad total, pero el mío brilla como lo más puro debido a tu promesa de un compartido futuro.


¡Vida!...

Hace muchas lunas que mi pecho se proyecta incompleto, que no ha podido ser habitado por efímeros seres. ¡Y  aun así, no puedo recriminar tu ausencia, si ante mi espera, incondicional tu promesa me acompaña en mi actual desvelo.


¡Vida!...

La vida y la muerte, al igual que la luna y el sol son algunos de los seres que se aman a pesar de las diferencias que los separan. Pero ellos aprecian cualquier acercamiento, aunque tan solo se reencuentren de espaldas. ¡Es y será por siempre su cruda realidad, aun así persisten en acercarse cada vez más!

 

¡Vida!...

Las historias las definen sentimientos verdaderos, que pese a la ausencia en físico del ser amado, vivo se mantendrá dentro de nuestro pensamiento. Y victorioso formará historias sobre el cielo; acompañando  a mis pasos que reescriben dicha historia, en la cual el final será reencontrarnos.

 

¡Vida!…

Eso reconforta a mi corazón que no ha  traicionado a mi pensamiento, pese a que a mi memoria el destino le ha convencido de que en un probable mañana llegarás y erradicarás esta soledad que insistente pretende encarnar en las raíces de mí ser, mientras mi razón exiliada vaga evitando mi total sin razón.

 

¡Y quizás en ese mañana te presentes y me liberes de la eterna espera!. ¡Y quizás el sol y la luna; la vida y la muerte a través de nosotros concreten su fallida unión!


¡Vida!...

¿Cuántos soles y lunas se han extinguido?, ¿Cuánto tiempo la vida y la muerte la creación las confrontará? Y  pese a dichas circunstancias, aun así no han dejado de demostrar que,  pese a ser tan cruel en eternidad simplemente se aman.

 

¡Vida!...

Tantas pistas te he dejado, tantas casualidades me has enviado, que seguro estoy, de que en un momento dado; en este presente o en cualquier otro lado. El destino por fin vencido, pondrá un límite a nuestro habitual desencuentro. Y al hacer mis labios suyos a tus besos te susurraran…¡Vida aún te espero!


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“Eclipsando a tu Sentimiento”
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