14 abr 2019

Los Rosales transpiran...

Fotografía de rosal que ilustra la disputa por las rosas entre tres seres mitológicos.


Los Rosales transpiran belleza, antaño susurraba la Tierra. Esto debido a que, en su despertar día tras día, con su libido los preña. ¡Y así, en primavera y otoño, imponente su herencia ante su ego florece!

Su versatilidad en tamaño y forma contrasta con esa peculiar silueta de rostro hermoso y cuerpo espinoso. La diversidad, característica infinita de los Rosales, logra que las estrellas palidezcan ante su mortal y andrógina belleza.

Ya sus espinas rechazan toda caricia de Invierno; quien en su constante asecho —y ante el rechazo de las rosas— con su frío aliento dolido las golpea, ¡quemando rápidamente su otrora belleza!

Y así de repetitivo fue este ciclo, en el cual el destino una vez más constata cómo una promesa rota pudre al amor, ¡transformándolo en un inherente ente!

En alianza con Invierno, Viento arremete contra todo Rosal, ya que de tajo pretende arrancarlo de aquella soberbia Tierra. Con persistencia profana la promesa hecha entre los besos de la Tierra y los extensos labios de los Rosales: “De que jamás sentimiento extraño llegaría a usurpar el lugar donde su virgen libido cohabita, protegiendo el secreto de su hermafrodita semilla”.

Pero la Tierra no permite que le arrebaten sus Rosales, y con soberbia nutre sus largos tallos, haciéndolos resistentes ante el anhelo de Viento, que enfurecido únicamente logra arrancar de su frondosa cabellera pétalo tras pétalo, develando su enigmático rostro. Ese que muestra la carencia de tiernas facciones ante la presencia de su espinosa belleza.

Al partir Invierno, los Rosales retoñan debido a los nutrientes de su amada Tierra, demostrando ante todos que incondicionales florecen pese a las advertencias de otros seres.

Los Rosales transpiran belleza, antaño susurraba la Tierra. Ante tal pasión, engendró soberbias semillas que al mundo se muestran como un arcoíris de clase y textura perecedera. Intocables para todos, debido a que sus espinas filosas no permiten que cualquiera deguste de tal forma de belleza, misma que solo a su amado por derecho se ofrenda.

Pese a que los Rosales han pedido comprensión a Viento debido a sus incomprensibles acciones, este ha logrado el contacto de su legado. La Tierra, ante tal afrenta, con acciones contundentes incita a que Viento día tras día desista.

Pero para alguien que miente, la traición siempre será su única compañera. La Tierra, al ver que nuevos seres evolucionan sobre su seno, con ego relega a los Rosales, condenándolos a sobrevivir sin esperanzas de retoñar debido a las limitantes del que se hacía llamar su auténtico amante.

Los Rosales transpiran belleza, antaño susurraba la Tierra. Para algunos son flores excepcionales, pero para Viento e Invierno su belleza egoísta se muestra, ya que solo a la soledad aceptan.

Desoladas se muestran ante dos elementos que, enamorados, rechazan aquella trágica herencia. Vertida la sangre de su apuñalado pecho debido a una burda traición, de la cual —ni siendo el primigenio ser que germinó del vientre de su primer amor— él ni siquiera se inmutó ante tan trágica decisión.

Al ver el llanto de los Rosales, Viento e Invierno transpiran su dolor. Y al difuminarlo, pactan una alianza ante el enojo de la ególatra Tierra. Si a las rosas mezquinamente tomas, sus espinas se te enterrarán en carne viva. ¡Esa es la condición que Viento impuso para su propia redención!

Desde aquel entonces, aunque las rosas humildes se muestren, la visión de su concepción ya cambió. ¡Ellas no transpiran más soberbia! Y si es sincero el sentimiento, al ser tomadas se prodigan suavemente ante la aceptación de Invierno, que se complace con dicha entrega dentro de sus cálidas manos; Invierno que, al portarlas en solitario o en ramo, desprende el dulce aroma de su aliento, mientras embelesado divaga ante la diversidad de su color, que impotente florece en primavera y con vehemencia persiste en verano. Dormitan únicamente al amparo del cegador de efímeras bellezas, el cual expone el aroma de su verdadera esencia, que sólo con el corazón se obschequia. ¡Y hoy tan solo los Rosales, ante la presencia de Viento, transpiran poética belleza!





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