20 sept 2026

Mi perro, no, mi gran amigo


Tributo a estos grandes seres que padecen la maldad humana

Muchos años enteros latiendo a mi lado, pero no los suficientes para ambos. Hoy, ante tu partida, el tiempo vivido se vuelve un refugio a tu recuerdo, mientras mis manos sostienen —con un vacío que quema— tu correa. En ese trágico momento, que revivo a cada instante, evoco continuamente cómo me mirabas mientras te repetía que lo habías hecho bien, que eras el mejor amigo que he tenido; tus ojos trataban de llenarse una última vez de mí mientras la vida te abandonaba, y eso me partió el alma. Te fuiste mirándome sin pestañear, y no sabes lo que me costó cerrar esos hermosos ojitos para que descansaras.

Al llegar a casa y abrir la puerta, tus ladridos ya no quiebran el silencio de la noche; ya no hay quien monte esa fiesta incondicional al verme levantar la mano para buscarte, ni quien vaya a mi lado brincando de felicidad en mis actuales paseos.

Ese perfil ausente duele en cada rincón de la casa, y mis oídos, tercos y melancólicos, se niegan a aceptar este silencio donde antes habitaba el eco suave de tus patitas. Hoy todo pesa un poco más, y los paseos son solo sombras de lo que fuimos. Descubro que el tamaño de este amor se mide en el tamaño de este vacío, y aunque la vida me conceda otros compañeros de camino, llegue quien llegue, nadie más ocupará el espacio que vas dejando.

Todos estos años que nos alcanzaron, intentabas a tu forma —con tus lamidas, con tus brincos— recordarme lo importante que era para mí detenerme; y sin embargo, mis prisas, mis distracciones o mis días grises me robaron instantes que hoy daría la vida por recuperar para disfrutarte como merecías. Porque es verdad que solemos valorar la luz solo cuando empieza a apagarse.

Las promesas se quedan flotando en el aire, y es tan grande el cariño que te tengo que decidí enterrarte aquí, justo en ese rincón donde tantas veces dormitabas pacientemente esperando mi regreso. Ahora soy yo quien te espera y observa tu sepulcro, chiqueándote todavía y repitiéndote: «¿De quién son esos ojos, de quién son esos hermosos ojitos...?».

Cada paso que doy en el camino es un fantasma de nuestros recorridos: el sitio donde le ladrabas al viento o donde te detenías a hacerle fiesta a la vida con tal de jugar un rato más.

Comprendo que no fui perfecto al cuidarte, lo sé bien; pero si los seres humanos logramos tener tan solo un destello de la lealtad con la que ustedes nos miran, nos procuran y nos aman, este mundo herido conocería por fin lo que es la neta empatía.

Y si al final de mi viaje existe otra orilla, si la reencarnación es real, ruego encontrarte y que vuelvas a elegirme, tal como lo han hecho todos los perritos que he tenido el honor de guiar. Y si tardas en cruzar de vuelta, no importa: yo te esperaré aquí, con la misma paciencia con la que tú siempre me esperaste.

¡Y no, nunca fuiste mi perro: siempre fuiste y serás mi gran amigo!


Tributo a mis seres sintientes

En memoria de todos aquellos perritos que han estado a mi lado y de todos aquellos que mueren en el abandono y la absoluta soledad.



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13 sept 2026

Amores inconclusos

 

Imagen ambiental de un cementerio en una atmósfera gótica y mística para el poema Amores inconclusos.


En este mismo cementerio, donde yacen los restos de amores inconclusos e inciertos, la voz del bardo se acompaña del lúgubre cantar de los cuervos. Al unísono, palabra y graznido generan un infinito eco más allá del final de los tiempos, debilitando el sello que separa al paraíso del infierno.

Es así como ángeles y demonios se entremezclan en una entrañable tregua, resguardando al rebaño de almas que, en negación total, codician una vez más la inocencia de aquella, su primera experiencia.

Al difuminarse el aliento del sueño eterno, dichas almas despiertan e, incrédulas, observan aquellos etéreos cuerpos que en vida poseyeron. Erosionados e incompletos, asoman vulnerables de sus decadentes entierros, recobrando un lento y entrañable movimiento que ensalza el momento con el mortal deseo de forjar una vez más hueso, carne, espíritu y anhelo.

Aquellos que injustamente fueron separados del alma y de la carne hoy discrepan ante la vista, pero jamás ante la mente. De sus petrificados labios se devela aquel oculto juramento que, debido a su inevitable final, fue desterrado ante la muerte; ¡y que hoy retorna exigiendo una vez más vida en este, su actual presente!

Vida y Muerte —entes andróginos— observan desde las sombras la podredumbre del Destino. Pues el Destino, alertado por el incomprensible sentimiento que este místico momento le hace experimentar a la eternidad, confabula para acabar con la esperanza y exige al tiempo extender más y más horas de vida, ¡evitando a toda costa la ascensión del primer amor!

Almas, ángeles y demonios degustan la melancolía de una gótica atmósfera que resalta a través de sus gélidas facciones, provocando en los espectadores un dulce pecado y, a la vez, una amarga redención.

Lágrimas y suspiros nutren la tierra del erosionado cementerio, haciendo germinar a la luz de la luna coloridas flores de muerto de un naranja intenso, las cuales impregnan los restos con una aromática esencia, revistiendo —cual humana piel— alma sobre hueso.

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5 sept 2026

Cuervos

Hambrientos, los cuervos se atragantan con mi cuerpo. De tales restos crean un vínculo inquebrantable entre tu deseo y mi sentimiento. Con sus filosas garras, de mi pecho ya han hecho tu innegable aposento, abrigando con su tornasolado plumaje ese deprimente hueco donde hace milenios mi corazón dejó de latir debido al contacto de tu inmortal beso.

Tales criaturas carroñeras, al probar de mis labios, fielmente resguardan el pasado de nuestro primer beso, y pese a que en plena reencarnación mis erosionados huesos recobren un involuntario movimiento, «—¡una vez más, ante las expectativas de vivos o muertos, evitas por medio de tus cuervos que alguien te prive de ellos!»

Debido al egoísmo de tu desmedido apetito, con incesantes graznidos, a mi alma convocas en pleno despertar, develando el secreto que en el pasado ensalzaba la sexualidad de mi género. Ese que desde mi nacimiento ambicionaste y con el cual, hasta hoy, vinculas el putrefacto éxtasis de tus celos con la dulzura del hurtado beso.

El Destino, tal cual bufón, hace escarnio de tu amparo; y, pese a su juego, tus leales cuervos no ceden, logrando que mi alma se desvincule con determinación de mis restos, «—¡exhibiéndolos ante los tiempos como la simbología de tu caprichoso deseo!»

Debido al precipitado ocaso de mi momento, su azulado plumaje ya contrasta con la blancura de mis huesos. Y en pleno apareamiento, tu maldad y mi pureza engendran una peculiar entrega sin un atisbo de inocencia. Ellos, afines a tu voluntad, esperan tu señal para interferir ante posibles conflictos entre mi necedad y tu férrea entereza.

Tras la reencarnación, tus cuervos devoran mi cuerpo pretendiendo llegar hasta donde mi oscuridad permita a mi pensamiento desentrañar; pero, al ser observados por tu locura, les causa tal animadversión que por momentos desvinculan a mi pensamiento de tu sentimiento. Aun así, a mi pecho nunca dejas en soledad —él, ausente de piel y carne, se muestra como tu legendario montículo donde ultimas mi despertar—.

Al retoñar órganos y carne de mis huesos, tus cuervos hurtan el brillo de mi sentimiento. Brillo que ante la oscuridad ilumina ese preciso momento cuando tus eternos brazos a mi alma no sueltan, y por más que tu obsesión me atesore, «—¡este, mi innegable despertar, a tu inmortalidad exaspera!»

En ese, mi primer respiro, tus esbirros repetidamente se hacen presentes, y bajo tus órdenes reclaman una vez más mi despertar y, sin contemplación, me depredan, reivindicándome como tu innegable sello, tesoro de tu vehemente pertenencia.

Ante tu negación de mi sentimiento, manipulas por milenios de milenios el libre albedrío de mi derecho, ya que, en pos de tu insano apego, me mantienes a mí, el objeto de tu afecto, aprisionado sobre tu pecho. Entre mi reencarnar y tu inmortalidad, «—¡evocas aquel memorable momento en el que la soledad de tus labios fue disipada con el innegable hurto de mi primer beso!»

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25 oct 2023

Simbolismos

SIMBOLISMOS

        Ante la llegada del 1 y 2 de noviembre, la identidad de mi pueblo se entrelaza con una infinidad de sentimientos encontrados, aromas añejos y alabanzas que trascienden hasta este presente.

Esta fecha forma parte de los momentos inolvidables en que a nuestros muertitos se les agasaja con simbolismos, inmortalizando su recuerdo en el mero corazón de nuestro pueblo. ¡Es ahí donde, con ternura, nuestra memoria se impone ante el olvido de aquellos que le dan la espalda al legado de nuestras tradiciones!




       

    Dicho legado prevalece y, entre la nostalgia y la fe, nuestras ánimas anhelan la llegada del otoño, cuando noviembre de naranja florece. Es la estación donde el cempasúchil resplandece, la cual se exhibe radiante ante los fieles difuntos con sus coloridos botones, dotando de un chispazo de vida a sus oscuras cuencas. Su cosecha es un acto tan sublime que sus pétalos, al ser acariciados por el viento, transpiran por doquier esa esencia amarguita que, seductora, invita a nuestros finados a regresar, mientras la Muerte, embelesada de tal bálsamo, al deseo increpa.




IDENTIDAD

    En ese instante mágico se inicia el llamado a las almas. Ellas, regocijadas, se alistan para cumplir con esa entrañable cita... En ese retorno de ánimas, la Huesuda al frente se hace presente ataviada con un rebozo de bolitas y su vestido de hojas de maíz, llevando entreveradas en sus trenzas flores de nube de tan excelsa pureza que purifican el camino por donde sus rebaños caminan hacia el mundo terrenal.

Nuestros pensamientos, ansiosos por su llegada, les sirven de guía; y ante el sereno de la madrugada, nuestro cariño las cobija como brazos de suave terciopelo que con fuerza y delicadeza se aferran a su esencia frente a la apatía de las presentes generaciones.



IDENTIDAD

      

    Ya dentro del camposanto, las tumbas se entretejen de color y cempasúchil, mientras en los altares lucen los metates, el mole, el pan de pulque y el tequilita ante los retratos de quienes se nos adelantaron y hoy regresan para ser honrados. Este es su ritual, esta es nuestra ofrenda: emotiva muestra de amor a los que alguna vez caminaron esta tierra y hoy cruzan desde el Mictlán apresurados hacía nuestra ofrenda.

En esta jornada de fiesta, entre copal, velas, sal y calaveritas de azúcar, las memorias se amalgaman con aquello que alguna vez tuvo rostro, con quien se revistió de piel y hueso, y cuya esencia hoy es percibida por quienes, leales en su ausencia, convierten el recuerdo en vida eterna.

Nuestros difuntos, al llegar a su altar, gozan del banquete; satisfechos y sin penas, emprenden el viaje de vuelta tarareando su cancioncita favorita. Van escoltados por la Flaca, que gustosa lleva en los brazos los ramos que les ofrendamos; y a cada paso que los acerca a su descanso eterno, las flores se van marchitando.



IDENTIDAD

    Año con año, el Día de Muertos hace que el pasado vuelva a florecer y se consolide como la raíz de nuestra identidad: una herencia viva que nos da la bendición de reencontrarnos con nuestros seres queridos en un festejo inolvidable que se arraiga con contundentes simbolismos frente a la peor traición: negación y el olvido.




IDENTIDAD

@ Reservados





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6 jul 2023

No es por soledad

#Aquílapoesíatambiéntranspira


    No es por soledad el motivo por el cual te echo de menos; son únicamente estos días que pasan de largo negando a mi locura la realidad de tu ausencia, mientras mi razón procura el no hacerme pedazos.

Abrumado, tu recuerdo se exilia dentro del anonimato de mis años. Él pretende ser liberado en alguno de mis tantos pasados, los cuales, crueles, me sentencian con dolor a reavivar en cualquiera de mis presentes el roce de tus labios que antaño me arrebataron de los fríos brazos del celibato.

La luna, dentro de su cuarto menguante, proyecta sobre mi cuerpo mil siluetas. Ellas, seductoras, pretenden aparearse con mi sombra, pero tu añejo sentimiento surge como aquel latido que en nuestro inicial encuentro ambos, a través del tiempo, replicamos. Él, aferrado, restriega tu libido dentro de mi pecho, estimulándose una vez más en el clímax de mi reencarnar. Pero no, no es por soledad que mi pensamiento exhale con dulzura aquel nombre que florece en mis estados y que, al ser develado por mis labios, me recuerda que aún en la distancia, que aún después de tu partida, mi alma seguirá siendo el amor de tu vida.

    Pero no, no es por soledad que mis suspiros se elevan sobre tu cielo, impregnando tus apáticas nubes con rimados versos —testigos fieles de nuestro añejo encuentro—, las cuales, conmovidas por mi sincero sentimiento, se hacen presentes; y por cada pensamiento que transpira a través de mi mirada, la nostalgia generada desborda en ausencia de mi coraza.

No, no es por soledad el motivo por el cual te echo de menos. Son únicamente estos momentos donde mi soledad cuestiona a mi sentimiento: ¿por qué en más de mil reencarnaciones mis manos, al contacto con piel extraña, necean con la textura de tu cuerpo?

Son tantas las tumbas donde dormitan mis restos que, si en algún momento te presentas antes de un nuevo despertar, con todos esos epitafios sabrás que existí, que muero y renazco pensando en ti y que al retornar una vez más, quizá la muerte no ignora más nuestro sentir.

    Pero no, no es por soledad el motivo por el cual me quiero en tu vida. Es solo que en esta sucesión inevitable de acontecimientos el caprichoso destino, al encarnar tus latidos en los míos, me hace caer en un bucle en el que, en todos mis pasados y futuros presentes, mis acciones reafirman el compromiso de propiciar aquel entrañable pendiente, siendo consciente de que no, no fuiste ni serás jamás parte de un amor justificado por el vacío de mis momentos.


©Reservados


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23 abr 2020

Loco poeta


Vida aun te Espero

    Este es un loco poeta que, por las noches y ante la presencia de la luna llena, declama su sentimiento a su fallecido amor eterno. De noche o de día, en medio del silencio, sus manos plasman lo que su pensamiento calla, pero su corazón aún le dicta.

Son palabras dulces preñadas en acciones yertas que, gestadas por siglos en el anonimato de la ausencia, conciben sublime poesía que a medianoche dentro del camposanto desborda inspirada, tierna e infinita, ¡fundiendo en un efímero beso a la muerte con la vida!

Pese a que lo tachen de loco e incomprendido, nada quebranta la potencia de su voz. Lo que realmente le atormenta es cambiar su sagrado delirio por una razonable pasión, acallando los pensamientos que alimentan su desolación. Es entonces cuando alza su canto para invocar al amor que partió de su lado, dejando sus brazos vacantes y anhelando a quien mora distante.

Noche tras noche, este loco poeta recita sin tregua; compadecida la luna por la carga emocional de sus letras, se torna en su cielo trágica y sangrienta, brindándole un poco de consuelo con una lluvia de estrellas. Mas no está solo en este eterno duelo, gatos y perros le acompañan con celo, y entre arrumacos y tiernas lamidas intentan mitigar sus horas sufridas. Buscan sanar el dolor de su carne viva, pero el alma sangra, del ser que la aviva, pues la herida en su pecho no logra cerrar ante una tristeza que no ve su final.

Su cordura se debate en una triste dualidad, donde la locura se vuelve el único refugio para abrazar el dolor del adiós. Es en la grieta de esa penumbra donde la razón, ya quebrada, desborda su pena en estrofas que, al escucharlas recitadas, te atrapan cual hiedra venenosa.

Él ha alcanzado la proeza de congregar a las sombras de la noche en nombre de un puro sentimiento. Y aunque sus versos aún no logren convocar al amor de su primer y único desvelo, sus labios consagran la memoria de aquel cálido beso, desatando en cada estrofa el helado manto de lo incierto.

Loco o cuerdo, este bardo seguirá declamando sobre aquel entierro ¡hasta que sus versos despierten al amor... y reviertan al muerto!

Todos los derechos de la imagen a sus creadores. 

Solo la edición de los efectos en ella me corresponde.


©Reservados
“Eclipsando a tu Sentimiento”
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30 nov 2019

Luna, mi musa nocturna

#Aquílapoesíatambiéntranspira


    Luna, mi musa nocturna, que por las noches me embrujas con tal expectativa que a mi soledad cautivas.

Ante el surgimiento de tu enigmática figura, excitado te declamo con vehemente fervor, mientras tu influencia posee a mis sentimientos engendrando poesía. ¡Qué dulce o amarga te manifiestas, cautiva en la órbita de mi atracción!

Y ante tus largas ausencias, esos trozos de roca que desprende tu amorfo cuerpo se dibujan constantes en mis momentos más oscuros, cual lluvia de estrellas que al alba eclipsa la desesperanza de mi castaña mirada.

    Luna, mi musa nocturna, que rechazas la perfección en el amor y abrazas la imperfección del corazón. Impávida te mantienes cuando la atención de mi mirada pretende ser obstaculizada por el egoísta hemisferio; ese que, en confabulación con el infinito universo, te engaña y a la vez más y más nos separa.

¿Acaso son tus fases lunares simples reflejos de mis estados emocionales, o quizás tu bipolaridad sutil se subleva sobre mi pecho con exorbitante deseo ante tan ferviente devoción?

Tus breves acercamientos son actos de un incontrolable sentimiento: pasión que desborda dulce y amarga inspiración, que tal cual océano salado arremete ante la aproximación de tu erógena esencia y, debido a la impotencia de tu involuntario alejamiento, te lanza irracional sobre el firmamento en contra de mi mortalidad y de tu propio universo.

    Luna, mi musa nocturna, que debido a la inestabilidad de nuestro próximo encuentro, dormido o aún despierto, impactas sobre mi mente. Mente que ya es codependiente de tu lunática inspiración.

    Luna, poetisa concurrida de mi vista, que ante el amor y el desamor, vivos o muertos, mortales e inmortales, causas efectos colaterales sin importar la condición.

Es tanto el amor a este mortal sentimiento que pretendes hurtar mi razón y mantenerla encerrada dentro de tu árido recuerdo, para que así, por siempre, le haga el amor a tu pétreo cuerpo.

    Luna, amante nocturna, que rechazas el cortejo de cualquier cuerpo celeste que confabule para desviar de tu órbita mi constante atención; musa que en cada uno de nuestros desencuentros te jactas de haber desterrado ya mi miedo: aquel que crecía ante nuestra fallida unión y que hoy mi voz, en su ausencia, te convoca con finito fervor. 

    Luna, princesa amada por muchos y a la vez repudiada por pocos, que ante la lejanía de mi aliento ansiosa pretendes, con un cálido beso, perpetuarte sobre mis labios gruesos. ¡Tú, mi Luna, mi musa nocturna que paciente a mi soledad engendra de infinitos cometas!


#Aquílaposíatambiéntrasnpira

©Reservados
""Mi mundo a colores"
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4 nov 2019

Tradición


By Hechicero de Dragones


    Del 27 de octubre al 2 de noviembre, todo México transpira chocolate y dulce pan de muerto. Ante tan apetecible tentación, la Muerte, embelesada, olisquea esta emblemática fecha que cada vez más a su apetito se restriega. ¡Dichas veladas son tan emotivas debido a que propician la transición entre dos seres fascinantes: la Vida y la Muerte!


Con entusiasmo, la Parca debraya con la gran variedad de altares que degustará y, extasiada, comienza a elaborar el gran listado de almas a las que debe ya despertar. ¡Ellas, abrigadas por la eternidad, yacen en un sueño profundo solo interrumpido por el clamor de sus seres queridos!


Los homenajes en honor a su enigmática figura recorren a medianoche las calles del Centro Histórico, donde en su nombre arman una gran farra. La Flaca, en calidad de invitada especial, no se da por aludida y, entre genuinas calaveritas, acepta con algarabía dulces y fuertes mentadas. Sabe que, gracias a ello, permite a los seres vivos que sus entrañables fallecidos les visiten y por minutos conversen espiritualmente.


Pese a la diversidad de creencias, año tras año crece el fervor que fortalece esta ancestral tradición. Mexicráneos y alebrijes pacientes se exhiben sobre Reforma, mostrando movimiento ante el recorrido de la Catrina, quien, admirada, reconoce la creatividad que el mexicano en su honor le ha tributado.


El Día de Muertos, herencia de un mágico pueblo, conmueve a la Huesuda. Del 1 al 2 de noviembre ella se hace presente, pero nunca deja trabajos pendientes, ya que con esmero cuida a su rebaño de almas. Y a lo largo del año, en su ida y venida, sin discriminar se lleva a quienes, en ausencia de la vida, ¡figuran ya en su infinita lista!


Ante la ingesta de tequila, mezcal, charanda, pulque y chelas, la Vida y la Muerte festejan una vez más su reencuentro y, pese a estar un poco ebrias, la Muerte no deja a ninguna alma en pena. A su lado se muestran perros y gatos que en vida acompañaron a los humanos y que hasta el final de sus días los procuraron.


Antes de que acabe dicho convivio, le recuerda a su rebaño degustar todo lo que se les ha ofrendado, ya que pasará más de un año para que nuevamente los recuerdos de los humanos —linaje vivo que aún no perece— los convoquen y acudan al llamado. En sus mentes los mantienen perennemente vivos, aunque es probable que el próximo año nadie les llame si el olvido los alcanza y para siempre los apaga.


La Muerte, pese a ser un ser eterno y un poderoso ente, no puede evitar sucumbir a las delicias de esta cocina tradicional. Antes de su partida, voraz prepara el itacate con el que al inframundo debe retornar. ¡Así, en los meses venideros, seguirá degustando en soledad tan deliciosa comida y refrescante bebida mientras llega otra celebración de este especial Día de Muertos!


Sumergida en el cacao y los manjares de la temporada, la Muerte divaga sobre las sorpresas que los humanos probablemente le deparen en la próxima festividad, donde la ensalzan sin miedo y con una dualidad de enojo y agradecimiento. Llegado el momento, con gozo despertará a los difuntos, pese al regaño de sus hermanos «los eternos», que no comprenden el apego a los mortales ni su exagerado gusto por las ofrendas: excelsos banquetes en los que solo los difuntos y la Muerte, a esa rica esencia, pueden enterrar el diente.


Vida aun te Espero

©Reservados
"Mi mundo a colores"
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21 oct 2019

Un beso

By Hechicero de Dragones


    Un beso es un acto sublime que evoca el despertar emocional y físico de los labios a los que se entrega, causando un mutuo enamoramiento o, en su defecto, una plena desilusión.

Dependiendo de su intensidad, al prodigarse en labios expertos o inexpertos, envía señales al cerebro segregando sustancias químicas que, entre estrógeno y testosterona, seducen al olfato con dulce atracción o lo repelen provocando una inevitable aversión.

    El beso es dador de infinitas reacciones que, como colibríes atraídos por las feromonas secretadas de saliva en saliva, polinizan ese apasionado instante con un dulce sentimiento que empalaga a todo cuerpo.

Cuando es dado y correspondido, acelera el corazón: a un ritmo de 60 a 100 latidos, libera emociones que se reflejan como constantes en nuestra expresión. Basta tan solo una caricia de labios para catar la química de dos cuerpos y saber si incitará un deseo constante o tan solo un espejismo del desamor.

    Pese al tiempo, la distancia, la vida o la muerte, este encuentro nos convierte en leal santuario de aquello cuyo efecto jamás perece. Es la semilla que en la boca amada germina y deriva en sensaciones infinitas; una metamorfosis que libera suspiros que, cual mariposas al viento, se disipan perpetuando un momento pleno.

Es una exhalación de amor que se declara sin caretas ni pretensiones: puede ser nuestro paraíso o nuestro infierno, según la intención con que lo confiemos.

Al depositarse en los labios amados, deja a su resguardo parte de un innegable legado: ese sentimiento que en completa desnudez se entrega a un probable querer y que, aun en la constante interacción de la libido, es dulce caramelo para un aliento amargo, evitando que el deseo caiga en pecado.

    Un autentico beso permanece leal al tiempo, negándose a entregarse cuando solo la carne lo reclame. No tiene forma, edad ni sexo; no es clasista, vengativo ni elitista. Es la conciencia innegable del corazón que confronta los miedos y fermenta con dulce encanto cualquier pasada decepción.


©Reservados
“Mi mundo a colores”
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